lunes, 22 de junio de 2015

Quebrantahuesos 2015, algo especial.

A las 7:30 a.m. del sábado 20 de junio, se escuchaba el clásico cohete anunciando la salida de la prueba ciclista española por excelencia.
De inicio acompañado por los amigos sorianos Carlos y Diego, con los que coincidía en la parrilla de salida.
Entre los tres y con precaución ante un pelotón tan gigantesco remamos todo lo que pudimos para acercarnos lo más posible a la cabeza de carrera. Misión cumplida poco antes de iniciar la subida al primer puerto (Somport), en parte gracias al viento de cara inicial que provocó un ritmo tranquilo.
Coronamos Somport prácticamente en el grupo de cabeza, puesto que salvo el mítico Induráin que anduvo escapado en los primeros compases, los Portillo, Berenguer (a la postre ganador) y demás lo hicieron unos 30 segundos por delante de nosotros. El mencionado viento de cara, hacía que se subiese muy cómodo a rueda y que se marchase muy compacto.
Rápido descenso por tierras francesas hasta Escot para iniciar el duro Marie Blanque con sus últimos 4km al 11,5% de media. Ahora sí la prueba iba a empezar a romperse.
Yo me sentía cómodo y ya me despedí de mis compañeros que me animaron a que me fuese para adelante.
Mantuve un ritmo al menos un punto por debajo de mis posibilidades, controlando en todo momento la potencia justo por debajo de mi rango umbral. Y siempre pensando en los 30km del Portalet.
Bebí con constancia y mantuve un buen orden comiendo, más o menos donde tenía pensado.
Coronado Marie Blanque y después de completar su técnico descenso, nos juntamos unos 20 corredores durante el llano hasta el puerto juez de la prueba. El famoso Portalet.
Inicié la subida con dicho grupo, pero al momento me fui para adelante en solitario. Me había reservado hasta ahora con idea de abrir gas aquí y así lo hice. Adelantando a cientos de corredores, me encontraba pletórico hasta que justo al llegar a la presa de Artouste hicieron amago de aparecer los temidos calambres. Rápidamente levanté el pié y tuve la suerte que un ciclista valenciano que venía a rueda se percató del bajón en mi ritmo, y me ofreció una cápsula de sales minerales que me vino de perlas. Bajé la velocidad durante un par de km. para recuperar antes afrontar los 8 últimos y más duros ya a tope. Ahora si, había llegado el momento de echar el resto. Disfruté como nunca, a pesar de llevar ya 140 km en las piernas, tenía fuerzas y por el momento los calambres estaban controlados.
Tras coronar este coloso entre los ánimos del público, y al cruzar la frontera de vuelta a España, llegaba el vertiginoso descenso por la estación de Formigal, alcanzando en varios momentos los 90 km/h.
Ya sólo quedaba Hoz de Jaca un puerto de 3ª con sólo 2 km. pero duro (11% de pendiente media). De nuevo amago de calambres, que no pasaron de ahí. Descenso complicado y ya el llano hasta Sabiñánigo.
En un esfuerzo para alcanzar un grupo que me precedía los avisos dieron paso a los tremendos calambres en ambos cuadriceps, incluso tuve que dejar de pedalear por momentos por el dolor.
Era mi hándicap para esta prueba, lo sabía y ya lo anuncié en mi publicación anterior: Llegaba con chispa pero muy corto de fondo. Por suerte para mí, al momento apareció otro grupo al que pude agarrarme hasta recuperar mis piernas. Poco a poco empecé a ayudar en los relevos y a encontrarme mejor.
Ya solo quedaba el repecho de antes de meta, la gente venía muy "cascada" y ya nadie pasaba. Yo veía que se escapaban las 6h.30' y me puse a tirar a tope. Un corredor arrancó en vez de pasarme al relevo, y yo con fuerzas arranqué detrás para recriminarselo. A los pocos instantes de nuevo "calambrazos" en las piernas justo antes del final del repecho. Sin embargo el compañerismo en el ciclismo va más allá y un chaval que venía a cola de la "grupeta" me empujó con su mano literalmente hasta iniciar la bajada a meta al verme que después de venir tirando me había quedado casi sin poder casi pedalear.
Finalmente en meta 6 horas y 34 minutos en la posición 564, a tan sólo 4' de haber conseguido bajar la barrera de las 6h. 30'. Y con ese sabor amargo que deja el ver como llegas bien de fuerzas para haberlo conseguido, pero muscularmente tocado. Aunque contento por llegar entero, haberlo hecho lo mejor posible, haberlo pasado en grande, sin averías y sabiendo que en meta estaba esperando mi novia y familiares.

Clasificación final y tiempos intermedios.

No se que tiene o que no tiene, pero engancha muchísimo. Arrastra a más de 15000 pre-inscritos en diciembre y después de un sorteo, a 8500 corredores en la línea de salida de Sabiñánigo llegados de todos los rincones del mundo.
Para mí iba a ser (al menos a corto plazo) mi última participación, por mi idea de centrarme más en las carreras. Pero después de lo vivido el sábado creo que no voy a poder evitar la tentación de seguir acudiendo año tras año.
Se sufre pero es un sufrimiento dulce, te sientes un privilegiado, en cada curva peligrosa hay un voluntario, todo el mundo es amable, la gente te anima desde las cunetas, te ofrecen bidones con agua, los paisajes son increíbles y un largo etc.

Cerca de coronar Hoz de Jaca.