lunes, 21 de marzo de 2016

XXII Trofeo Villas de Peralta y Funes.

Punto y final competitivamente hablando a un mes de marzo que no me dejó el mismo sabor de boca que el de febrero. En Navarra, más concretamente en Funes se disputaba esta carrera que daba paso a las "vacaciones" de Semana Santa. Puesto que reanudaremos las carreras el día 2 de abril también en Navarra (Gorráiz).
La lluvia y el frío, marcaron de principio a fin la carrera, las previsiones apuntaban a lluvia incesante con 8º/9º de temperatura. Confiando en que no se cumpliesen acudimos varios componentes del equipo y varios colegas sorianos asiduos a las carreras. Y a pesar de que comprobamos que aquello pintaba mal, tuvimos eso que hay que tener, para decidirnos y tomar la salida.
Si cabe, la cosa fue aún peor ya que a la constante lluvia, había que añadir niebla y no 8º, si no 5º de temperatura, que para la práctica del ciclismo empapados de agua, es como mínimo difícil.

En lo puramente deportivo, el trazado consistía en 100km completamente llanos, pero salpicados por 3 subidas a los altos de Funes de 2,5km al 5% de desnivel medio, pero con unas rampas del 10% en el primer km.
A nivel personal contar que lo hice todo tal y como tenía pensado, rodar con cautela evitando todo tipo de peligros y justo antes de empezar la subida colocarme en cabeza.
Aprovechando la rueda de otro corredor con mis mismas ideas, cuando vi que se acercaba el puerto, "eché el gancho" a la rueda de dicho ciclista que me subió colocándome prácticamente en cabeza de pelotón para no sufrir percances ni cortes que me pudiesen alejar de carrera. A pesar del frío que ya empezaba a hacer mella en mí, salvé bien las primeras y duras rampas manteniéndome delante. A continuación la subida tenía un descansillo que obligaba a meter plato grande, y aquí llegó "el punto negro" del día. La cadena se salíó al cambiar y cayó al cuadro por lo que no podía engranarla sin echar mano allí abajo. Fueron varios los corredores que amablemente me empujaban a su paso al verme avanzando simplemente con la inercia y agachado encima de la bici intentando colocar la cadena con mis dedos insensibles por el frío. Fueron exactamente 26 segundos lo que me costó colocarla y volver a dar pedales. Tiempo excesivo para poder mantenerme en la estela del grupo.

Análisis del momento en el cual se sale la cadena, y tiempo que transcurre intentando colocarla.

Con mucha rabia lo intenté pero ya llevaba el cable cruzado e incluso gente que venía a mi rueda después del percance se me escapaba inexplicablemente en el descenso. Aún así a relevos con más gente que venía por detrás lo seguí intentando, pero un juez de carrera nos iba cantando como aumentaban las diferencias con lo que di aquello por finiquitado en el segundo paso por Funes muerto de frío.
En definitiva una lástima, pues estaba haciendo una subida con unos números en cuanto a vatios muy buenos y a pesar del frío nunca sabré donde hubiese llegado... Seguiremos peleando.

Tras el percance mecánico, tratando de conectar. (Foto: Naya Diez)



martes, 8 de marzo de 2016

VIII Trofeo Oscar Llanos

Regresábamos a la competición de nuevo por tierras mañas, esta vez en Zaragoza capital, una de "mis ciudades" donde tantos años y tantos momentos he pasado.
Era una mañana de domingo fría y desapacible pero sobre todo ventosa, ventosa a más no poder y que pronto íbamos a comprobar.
Jesulón, Raúl, Ramón, Sergio, Néstor y yo. Seis miembros de Rioja Máster estábamos en la línea de salida. De inicio la cosa parecía llevadera y se rodaba compacto, pero de repente un tímido giro a derechas para iniciar una subida y aquello empezó a deshacerse por completo. El viento pasó a azotar de costado y en cuestión de segundos todos de uno en uno. Aquello parecía el Titanic, un sálvese quien pueda y es que cada uno se agarraba a la rueda del de delante como podía confiando en que este no se cortase para no "hundirse" en la profundidad del pelotón.
Yo mal situado desde la mitad-trasera de los 200 corredores que habíamos partido, comencé a progresar a base de fuerza, confiando en que, con las piernas que tuve en Tarazona, un arreón salváse la situación... Sin embargo el viento no te deja respirar y esta vez la luz de la reserva se estaba encendiendo antes de lo previsto, por lo que pude comprobar como se me iba el último bote salvavidas. No llevábamos media hora de viaje y ya me iba a pique.
Pronto esos 200 ciclistas habíamos quedado reducidos en varios mini pelotones.
En principio me encuentro situado en el tercer grupo pero después de unos relevos con todo lo que me queda, veo que no tapamos el hueco y mis piernas me invitan a abrirme de la fila para coger aire siendo recogido por otro grupo que venía detrás. A base de echarle garra nos organizamos y vuelvo a enganchar con ellos.
Llega el alto de Leciñena y vemos otro grupo cerca. Seguimos remando y con el aliento del numeroso público presente conseguimos cazar, uniéndome a Jesulón y Néstor que viajaban aquí.

Subiendo Leciñena entre el público y con el siguiente grupo al fondo.
Ahora somos un grupo más numeroso, pero las fuerzas están muy castigadas. Intentamos colaborar pero no hay entendimiento, muchos no pasan al relevo, otros se desesperan e intentan arrancar... con lo que al final se esfuma cualquier posibilidad de contactar con el pelotón de cabeza. Así transcurriría el resto de la carrera, en modo piloto automático para llegar a meta y dar por concluida la jornada. Finalmente y cómo era lógico nos vamos de tiempo y cruzamos la meta a 10 minutos del vencedor David Busto.
Recalcar desde aquí que es una carrera bonita y sobre todo muy bien organizada con todo lujo de detalles y un gran despliegue.

Agradecer como siempre a la familia Rioja Máster, a todos los acompañantes y a la fotógrafa oficial Naya, todo un lujo.

Toda la carrera a remolque.